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POEMAS - I Recital

Andrea Méndez Vallejo

26 CLOROFILAS
 


Entre los restos de los rostros
desdibujamos trazos hundidos,
jugamos con los cráteres
en tus icónicas pupilas
y levantas las rodillas
para hacernos el ruido
que nos merece.


Afinas ángulos que,
en mi piel ya han dejado marca.
Y te miro.
Y te toco.


Entrelazamos aleteos
que nos agudizan las metas,
que comparten las señales,
que nos dejan respirar.
Bifurcamos circunstancias
y llamamos al reencuentro.
Si se nos atan algunas sábanas,
también sobrevivimos.


Entre los restos de los rostros
TÚ.


Para que las orillas renazcan
hay que soltar a las olas,
y si vienes,
voy,
chocamos.


Que la ambigüedad se abra,
la soledad te cante,
el amor nos crezca
y el tacto lagrimee.


Abres ventanas y das permiso al aire
para que recorra los poros
de mi inconmensurable energía.


No hay orgasmos enmascarados,
nuestra naturaleza
nos ha dejado ser.

Deliberadamente escogí
las dos piedras negras
que sustentaban mi tambaleo
entre tantos tropiezos,
Y escogí bien.


Entendimiento sin palabras
y sumergirme entre mis nubes
que pocos consideran estables.
Y formamos dos.


Pinté a grandes rasgos
la unificación que,
en realidad
había inventado en mi seno.

Y en grietas corté
al sentar mi silencio
con el pasar en hierro,
hacia las vías del tren.


Regalé un puñado e soledad
y vacíos huecos
que transformaron mi ausencia
en un canal de luz.


Aunque nunca atravesara.


Y sacaron mis ojos,
mutaron el carbón piel
y tintas en esquinas.


Sacaron fantasías
que dejé deliberadamente
en el cuerpo de una mujer,
en el mensaje de sus frutos,
en el lienzo sin oler.


Mirarte a tus entrañas
y no volver,
cada último día del año
que volvemos a renacer.

2018

 


Centrifugando cantidades expuestas en imágenes
colgadas
de pinza y cuerda,
señaladas para los restos
que quedan de las migas del sendero,
para no perdernos.
Poder por dudar,
querer entre hierros
y todo aquello que rige
un diseñado protocolo.
Sociedad enloquecida,
prejuicios húmedos
que calan en lo más profundo de nuestras durezas.
Sentir en la boca
a qué saben los años,
lo que hemos convertido.
Seda que se ajusta
y recuerda la forma de tu ser,
y recuerda quiénes somos,
donde canta nuestra voz
sus cuerdas sin estrenar,
sus las alas desplegadas.
Siempre dispuestas.
Podemos ser amigos.
La noria se ha dispuesto
a dar más vueltas
que la Tierra que nos sostiene.
Y no hay que entender,
sin razón.
A veces es abstracto.
A veces es arte.
Aunque me lean y sonrían,
aunque te oiga y me llenes
solo y ni siquiera
mi interior disponga de razonamientos.
Que nadie sostenga
mis límites empañados,
que los trapos se sequen solos.
Que mis ojos hagan de jueces
y yo, en canal,
deje mi estomago decidir.
Que las almas hay,
que perdidas también,
que nos falta la droga
para entender la locura
de nuestra falsa racionalidad.
Y que las nuevas plumas
sirvan para formar
entrañas en poemas,
que aprendamos a impulsar.

Tus 365 formaciones naturales.

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